martes, 18 de junio de 2013

LA DICTADURA DE LA PALABRA.

Hay un tema de conversación que me produce físico aburrimiento: la política, me parece estéril y poco productivo, además no creo que los gobiernos sean responsables de nosotros, somos nosotros los responsables de los gobiernos que elegimos, lo digo porque todo lo que uno escucha es gente culpando al gobierno, como si en esa culpa no estuvieran incluidos ellos mismos, que son los que los eligen mal.

Me sorprende que la gente viva defendiendo causas y luchando contra las dictaduras, cuando en su vida personal viven persiguiendo ser dictadores de alguna forma, para lo cual conforman instituciones, grupos en Facebook, construyen familias, tienen hijos, se agrupan o hacen lo que sea con tal de tener una tribu en función de algún tema con el único propósito de imponer su propia dictadura y dejar claro que ahí se hace lo que ellos creen que es lo “conveniente” de acuerdo a sus estrechos criterios de lo que es conveniente y bueno.

Si piensa que exagero, observe la dinámica de algunas familias que “funcionan” gracias a por lo menos un dictador que decide la conciencia, la conducta, el pensamiento y el comportamiento grupal, no importa si el dictador es laxo con algunos temas, siempre habrá un aspecto con el cual es implacable.

Y si quiere más pruebas métase en un grupo de Facebook y trate de ser usted mismo, a ver si se lo permiten, a ver si no lo censuran, o lo rechazan porque lo que usted publica no está de acuerdo al tema de interés del grupo, con lo cual queda claro que el grupo ha sido conformado para el interés particular de su fundador y no para el bien colectivo de sus participantes, aunque la filosofía con que se lo venden es precisamente esa.

O trate temas de carácter sexual y se dará cuenta que el sexo sigue siendo satanizado y muchas veces es considerado pornográfico. Como me pasó hace un par de meses con mi artículo  la deforestación vaginal  que fue rechazado en un grupo de facebook,  no estoy segura, pero tengo la impresión que la moderadora del grupo ni siquiera se tomó la molestia de leerlo sino que se dejó impresionar por la imagen y el título del post ya que expresó el malestar con la imagen, ante lo cual lo retiré, pero cuando ella trató de explicarme su punto de vista, las cosas empeoraron ya que dijo que no quería desviar la atención del grupo, que si la gente quería ver “porno” habían sitios especializados para ello, no sé si es que ella no lee antes de enviar lo que escribe, pero en su postulado quedaba dicho que mi artículo era pornográfico, aunque no lo dijera explícitamente.



A mí estas cosas no me molestan, me producen es cansancio, aunque  termino por entender porque es que el planeta que habitamos está en las condiciones en que está. Y ésta es una prueba más de que los gobernantes que tenemos son nuestro reflejo ¿si ejercemos la coerción en todo su esplendor en nuestros pequeños territorios como no comprender que los gobernantes lo hagan con una población mayor?

Curiosamente o precisamente porque el artículo lucía pornográfico elevó el índice de visitas al blog y ha sido la publicación que mis contactos más han compartido en sus muros de Facebook desde que empecé mi blog, con lo cual me quedé pensando si aquellos que disfrutaron de mi artículo son tan inmorales como yo, que lo concebí y lo escribí, o si la pornografía no está en el objeto sino en los ojos del sujeto que lo juzga.


Aunque no tengo preferencias por los temas sexuales en especial y quienes me han leído con regularidad saben que puedo escribir desde el tema más místico hasta el más mundano, una cosa si disfruto y es abordar los temas prohibidos, esos que aún le dan escaramuzas a las mujeres sobre todo, esos que las dejan al desnudo y confrontadas con su monstruosidad interior, quizá esa es mi propia dictadura, la de la palabra, la de aquel tirano que sabe en donde hacen falta los nombres para nuestros desatinos y por ello condeno a los lectores a que lean sobre temas que no soportan.

lunes, 17 de junio de 2013

LOS HOMBRES CAÍDOS

Hay momentos que me capturan, segundos que me atrapan en su esfera de eternidad y que me sumergen en imágenes tan reveladoras que es como si me entregaran la pieza faltante de un rompecabezas que termina dándole forma a algún aspecto de mi vida inconcluso.

Eso me pasó la otra vez que estaba leyendo un cuento de mi autoría para el público en un teatro de Miami. El conductor del programa llamó al escenario a un hombre de mediana edad, alto, fornido y guapo, lo sentaron a mi lado y de inmediato percibí todos sus dolores tanto corporales como emocionales, estos últimos tan profundos que parecían dolores más del alma que del cuerpo, jugaba con sus manos nerviosamente por lo que me quedé mirándolas, estaban  gastadas por el trabajo fuerte seguramente en construcción, de repente emergió ante mis ojos una herida que empezaba en su dedo del corazón y terminaba en su dedo meñique, como si un cuchillo hubiera atravesado en diagonal sus tres dedos, la herida estaba completamente abierta, pero cicatrizada, habría necesitado ser suturada, pero por algún motivo, seguramente económico, nunca lo fue, por lo que había cicatrizado abierta. Ver sus dedos así abrió un hondo precipicio en la boca de mi estómago, le miré a la cara, y unos hermosos ojos azules me mostraron una profunda tristeza que no prometía terminarse con nada, le costaba sonreír por más que los presentes estábamos empeñados en que lo hiciera, era como si se le hubiera olvidado hacerlo.

Me rendí ante la idea de sacarle una sonrisa y me conformé con que se sintiera medianamente confortable en nuestra presencia, o al menos lo suficiente para que regresara algún día al programa y nos cantara de nuevo las canciones que había entonado y que hacían gala de una voz prodigiosa que el había sepultado por largos años, por algún motivo que desconocemos; y que estoy segura que tiene que ver con su profunda tristeza y con ese dolor que pude percibir, no sé si,  por la cercanía física que tuvimos durante la presentación, o porque soy infinitamente sensible para percibir las tempestades internas de los demás.

Yo hubiera querido quitarme la imagen de este hombre de mi mente, luego de que él saliera del escenario y su cuerpo desapareciera por la puerta del teatro, pero no fue así, sus tres dedos atravesados por la lámina de algún objeto corto punzante, me perseguían como esa imagen con que un masoquista se deleita, y aunque no creo tener nada de masoquista, ni el dolor ajeno o propio me deleita, esos tres dedos seguían en mi mente. Fue más tarde que me quedé a solas cuando empecé a comprender que estaba impactada por la imagen vulnerable de este hombre porque he sido educada para concebir a los hombres invulnerables, como si ellos no tuvieran derecho al dolor. De repente emergió el recuerdo de un hombre que había conocido esa misma semana y que lo que había comenzado como una amena e interesante conversación había terminado en una exposición de heridas abiertas que aunque no le recorrían tres dedos de su mano izquierda, eran peores, porque era invisibles hasta para él mismo, y seguramente esa era la razón por la que al igual que la herida de los dedos de aquel hombre, no había sido suturada jamás.



Las heridas de los hombres suelen pasar desapercibidas para las mujeres, a menos que seamos muy observadoras, podremos vislumbrarlas a través de esas leves fisuras que se hacen visibles en las conversaciones, adoptan tantas formas como hombres conozcamos, algunos comen para mitigar su ansiedad, otros beben alcohol para no encontrarse con su realidad, consumen drogas para no darse cuenta quienes son, o se aíslan del mundo y se concentran en una sola actividad y persona para protegerse del dolor que temen que les pueden causar los demás; y aunque las mujeres también hacemos cosas similares, nosotras tenemos una válvula de escape de la que ellos carecen: gritamos y nos reunimos con amigas para exponer nuestras heridas porque no hemos aprendido que ocultarlas nos hace invulnerables, quizá sea eso lo que hace fuerte al sexo débil.

Mi amiga Ada suele hablarme de las heridas de los hombres de su país, ella los llama los hombres caídos, y aunque al principio me pareció un nombre muy fuerte, ahora comprendo que a ellos también les acude el derecho a cargar sus heridas aunque no sean conscientes de ellas, y que sus mecanismos de defensa por misteriosos que nos parezcan son válidos, quizá necesitemos más comprensión con el alma masculina respecto a como se suponen que deben ser ellos, una cosa si estoy entendiendo, comprender las heridas de guerra emocionales de los hombres no los hace tan atractivos sexualmente para nosotras, y quizá ellos lo saben instintivamente, por eso se empeñan en camuflar sus heridas con un barniz de invulnerabilidad y de fortaleza que pasa desapercibido para muchas mujeres, lo cual hace perfecta esa danza entre el verdugo y la víctima (emocionalmente hablando) que tanto juegan algunas parejas en aras de conservar la famosa hormona fenil etil amina que hace de la química sexual ese aperitivo que promete que el plato principal será la convivencia.

lunes, 3 de junio de 2013

BAÑERA PARA CUATRO.


Sandra se perdió en aquel firmamento cargado de estrellas y esa luna creciente que provocaba columpiarse sobre ella, su mano extendida calculó la distancia entre ella y su copa de vino, estaba en la bañera con la que siempre había soñado, anclada en un enorme patio rodeado de árboles dándose un baño de espuma y esperando por su príncipe azul que recién había desempacado del baúl de sus sueños de quinceañera.

Al elevar su mirada para enfocar de nuevo aquel firmamento, el rostro de su príncipe pareció emerger de la luz de una de aquellas estrellas y se fue acercando conforme ella le hacía espacio entre sus piernas para mecerlo entre su monte de Venus y la espuma abundante y perfumada que flotaba en la bañera. Él la miró con lascivia y apenas si le dio un beso en la comisura de sus labios, le abrió las piernas y la penetró con la violencia que ella le atribuyó a la impaciencia de un deseo no consumado, notó que cuando él estaba a punto de tener su orgasmo, él, benevolente se retiró a tiempo para esperar por el orgasmo de ella y se transformó en otro que lucía menos sediento, más frío y calculador, que midió sus pezones con la punta de sus dedos y lamió su cuello mientras introducía sus dedos en la vagina de ella, como calculando el camino por el que nuevamente se abriría paso, después la penetró con suavidad y ella que estaba casi a punto le suplicó que la dejara terminar porque estaba cansada porque ya no podía más, y quería su trofeo en ese mismo instante, pero él de nuevo se retiró a tiempo, poco antes de que ambos danzaran al unísono en un orgasmo múltiple; y de nuevo cambió de rostro, por uno malévolo que cual verdugo la tomó por el pelo y la puso boca abajo apoyándole la cara contra el cojín de agua donde antes reposaba su cabeza; y sin pedir permiso la penetró por el ano, la cabalgó como a una yegua de paso con el dominio de un jinete experimentado en la materia, sintió que un dildo de proporciones enormes la penetraba también por su vagina y gritó porque el placer le estaba cediendo paso al dolor, le dijo que ya no era divertido, pero él no pareció escucharla, porque siguió su ritmo, danzando dentro de ella como si quisiera encontrarse con el dildo en la mitad del cuerpo de Sandra y bailar juntos para prescindir de ella.




Sandra quiso forcejear, pero le faltaban fuerzas, quizá había bebido de más, quizá Jorge se estaba propasando y la fantasía había dejado de serlo para dibujarse como una cruel realidad. Sintió un hilo de agua caliente que le salió de lo más profundo de sus entrañas y de inmediato el agua se pintó de un rojo pasión que no reflejaba lo que ella estaba sintiendo, sintió un dolor enorme en ese frágil puente entre el ano y su vagina y un estallido de fiera le grito obscenidades a la luna, que asustada huyó debajo de una nube y dejó todo en la más absoluta oscuridad.

Escuchó la voz de Jorge que ya no se parecía a la de él, preguntarle si estaba bien, y ella sosteniendo su puente roto para  que no se le salieran las entrañas, le dijo que algo había salido mal, estaba temblando y el dolor le resultaba insoportable. Jorge la sacó de la bañera y la puso en una sábana blanca que cambió de colores con el cuerpo de Sandra encima. Un hombre fornido  e imponente le apuntó con una linterna en la cara y le preguntó su nombre, mientras ella presurosa se cubrió con lo que sobraba de la sábana, para que no la viera desnuda, no comprendía a que horas este hombre había entrado en escena, buscó con su mirada a Jorge y se encontró con los tres rostros en que él se había convertido hacía apenas unos minutos, cada uno con su propio cuerpo, cada uno completamente desnudo. Musitó el nombre de Jorge aunque no hacía falta llamarlo, porque estaba de regreso de aquel viaje donde Jorge era sólo un nombre en el que ella se había refugiado cuando se había entregado a las fauces de aquella vieja bañera sin espuma y sin perfume, que yacía en aquella casa abandonada para emprender un viaje de éxtasis y otras drogas de itinerarios efímeros.


Mientras la subían a la ambulancia se encontró con los ojos de los vecinos que la atravesaban con ojos de reproche, trató de buscar las estrellas con las que se había cruzado en su imaginario firmamento cuando su Jorge de tres rostros buscaba su trofeo orgásmico a manos de una joven adicta que se había pintado en su imaginación un cielo de placer y  de adicción. 


miércoles, 29 de mayo de 2013

EL MAGO

A ti Peter, mi héroe de estos tiempos, hasta que llegue otro…vos sabes que todo es perecedero

Durante mucho tiempo devoré con sevicia cuanto libro de la nueva era pasaba por mi mano, sobre todo los que tenían que ver con el Feng Shui. Las velas también formaban parte de mi ritual diario, convocando las energías para que confluyeran todas en mi rueda de la fortuna y por fin todos aquellos suplicios y carencias que yo consideraba obstáculos para mi felicidad, le dieran paso a la abundancia que siempre promete ser la llave de la realización personal.

Cada primero de enero, mientras los demás dormían su guayabo de la borrachera del último día del año, yo me entregaba a los recortes de revistas donde plasmaba mis deseos para el nuevo año y los convertía en un enorme mapa visual que mi amiga Dunia me enseñó a hacer y que ella llamaba el mapa del tesoro. Confieso que la mayoría de los deseos me eran concedidos, sólo que no de la manera directa que yo pedía, pero si a la peculiar manera que el universo sabe responder, lo cual me ponía en aprietos con mi ego demandante, a quien no le hacía feliz la respuesta, mientras una parte más luminosa de mí, sabía que la brecha se estaba abriendo.

Fueron épocas de magia sensual más que de magia real, de inciensos, de símbolos, de billeteras rojas con un billete de alta denominación que no gasté, ni siquiera porque me quedara sin dinero para el transporte público, mejor dicho hice la plana y las tareas a la perfección durante mucho tiempo, sin éxito alguno, porque parecía que mi sevicia al menos con el Feng Shui para canalizar la energía positivamente hacia mi vida, era inversamente proporcional a los resultados obtenidos.

Cuando me mudé a los Estados Unidos, me casé de nuevo y mi nuevo hogar estuvo dotado de otra clase de simbolismos, estaba cansada de rendirle culto al Feng shui sin resultado alguno, me fui internando por otros caminos, y las velas se convirtieron en ese artefacto que le proporciona sensualidad a un espacio donde los amantes se devoran el uno al otro, o en ese artículo de lujo que le otorga más belleza a una mesa dispuesta para cenar.

Empecé a poner más orden en mi templo interior que exterior, empecé a trabajar en mí misma, a fiscalizarme y a enterarme de lo que había que ordenar en el recinto de mi pensamiento antes de ubicarlo en el escenario de la palabra, algo que ha sido un proceso que aún no termina, y que es posible que nunca termine. En ese proceso conocí a Peter, un mago de la palabra como yo, que se parece tanto a mí que siempre he pensado que es mi versión masculina. Sin conocerme mucho, y a puro ojo de mago-brujo me hizo el mejor regalo que los dioses me pudieron haber enviado, un curso de magia que me estoy saboreando lentamente y que me está guiando para quitarme las capas conceptuales en las que he estado atrapada y con las que conviví por mucho tiempo. Peter es un  facilitador de procesos fuera de lo común, que me ha estado guiando en un proceso interior maravilloso donde me he tenido que desenmascarar a mi misma porque estoy convencida que ese trabajo no lo puede hacer nadie más que uno mismo, guiado por alguien con una sabiduría como la que posee Peter, quien entre las múltiples características que lo diferencian de todos los facilitadores que he conocido, la que más me deslumbra, es que puede apoyarlo a uno omitiendo lo que él llama el asunto anecdótico, es decir sin que uno tenga que contarle con pelos y señales las situaciones en las que está inmerso, ni los nombres y apellidos de los implicados, ya que él disfruta de una habilidad para conducirlo a uno por los recovecos más profundos y oscuros de uno mismo sin perderse en la superficie donde el ego siempre anda maquillando todo.

Con Peter el dia que nos conocimos (re encontramos)



En estos días en que estaba a solas en la intimidad de mi habitación, me di cuenta que estaba rodeada de candelabros, así que decidí ponerles velas a todos e iluminar la habitación sólo con velas, y recordé esa época en que hacerlo era una tarea cargada de expectativas que jamás se cumplieron, y me di cuenta que la mayoría de aquellas expectativas de aquel entonces ya se me habían cumplido justo aquí en Estados Unidos, incluso aquellos sueños que pasan a categoría de imposibles porque nuestro mal sentido de merecimiento nos dice que hay cosas imposibles. Mientras saboreaba una copa de vino rodeada de mis velas comprendí que de nada nos vale organizar y armonizar los espacios exteriores, mientras nuestros espacios interiores sigan en un caos absoluto, ahora tengo la certeza de que todo lo que realmente yo quiera conseguir  es posible obtenerlo,  que solo necesito estar consciente de la responsabilidad que solo yo tengo sobre mi vida y que estar alineada con mi verdadero propósito de vida es una conquista diaria, he comprendido más como se rige el universo y como estoy parada en él, sin este conocimiento es como buscar una dirección en USA sin un GPS o sin las instrucciones.  

Estoy infinitamente agradecida con Peter por haber estado alineado con mi búsqueda y ser el mago que me entregó el mejor GPS que he tenido para seguir haciendo mi recorrido en este planeta, al que no termino de comprender por lo vasto que es,  pero que he aprendido a aceptar incluso con los puntos ciegos que no me permiten ver lo evidente.









lunes, 27 de mayo de 2013

HAY QUE DESTRUIR EL TEATRO.


“Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro” Federico García Lorca

Nunca me imaginé que al entrar en aquella sala donde me esperaba un hombre desnudo en medio de una densa capa de niebla rodeado de dos mujeres que danzaban con sus manos más que con su cuerpo, fuera a quedar atrapada por aquella magia donde el deleite visual, auditivo y sensorial me capturaron por completo. Del fondo de la sala, como si ésta fuera un útero cósmico que paría seres humanos hermosos, emergieron dos mujeres desnudas cubiertas con un largo velo que sugería apenas su desnudez, leyendo unos manuscritos que no eran comprensibles porque las dos leían al mismo tiempo, pero que no hacía falta entender porque todo era visual y auditivamente tan perfecto que la sensibilidad le robó espacio a la razón.

Pasaron muchas imágenes más que se perdieron en esa parte de mí que sólo siente y que no almacena información, antes de que emergiera la voz prodigiosa de Ángel Lucena cantando una canción que una mujer vestida de española bailaba en lo alto de una tarima, secuestrando mis sentidos que para entonces estaban en alguna parte de aquella sala.

Algunos personajes evocaron a la " Elena " la muerte, y ella emergió como todos la imaginamos, poderosa, dueña absoluta de todo, bella pero temeraria, estaba desnuda, medio cubierta solo con una capa negra de velo grabado, con un cuello pronunciado y exhibiendo una estructura ósea perfecta que sólo puede tener quien posee a tantos y no se queda con nadie en especial. Aquellos cuerpos masculinos jóvenes y bellos suplicaron por misericordia y ella con esa carcajada burlona que estremeció la sala, sólo repitió la palabra “misericordia” dejando un eco de mil voces, como si no necesitara más que esa palabra para llevarse a los de turno.

Un romance de dos efebos con todo el dolor del amor imposible y amenazado, quienes con una sensualidad perfectamente manejada reivindicaron el amor de los iguales y desnudaron el corazón sensible del macho tan detractado en nuestra sociedad porque se le atribuye una inexistente dureza. Y un crucificado perfecto donde la belleza era tan contundente que ni la sangre de su llagas asustaba, la caída de la cruz se hizo con la complicidad de una virgen que abrió sus brazos para recibirlo en su sábana blanca, iluminada por una luz roja que hizo de aquella imagen una segunda crucifixión de espaldas, mientras la del cristo se perdía en las profundidades de ese escenario que parecía haber pactado con los dioses para procrear tanta belleza escénica.

Imagen de Miguel Pascual


Todo esto y mucho más, que no diré por avaricia, formó parte de un espectáculo que no he podido apartar de mi memoria y que vi el domingo en el Teatro Havanafama. “El Público” la obra de Federico García Lorca que pocas veces ha sido llevada al escenario, tomó forma a manos de Juan Roca y un elenco de primera categoría, quienes recrearon para nuestro deleite escenas nunca vistas por mis ojos.

La obra que es estrictamente para adultos porque contiene muchas escenas  con los actores desnudos, goza de una riqueza visual exquisita, pues algunos sólo estaban vestidos con un maquillaje extraordinario, mientras que otros se movían entre la escasez y la abundancia de ropas, todo bajo la creatividad y el buen gusto que caracteriza al destacado Ángel Lucena quien estuvo a cargo del vestuario. La música a cargo de Julie de Grandy nos llevó de la mano por esta aventura Kinestésica a la que el espectador no se puede resistir.

Los actores que se metían entre el público eventualmente, consiguieron que me sintiera parte de la obra, cual personaje extasiado con tanta belleza y paralizado por el tiempo, ese cómplice de la noche que nos mantuvo en varias épocas y en una misma a la vez. Tuve la sensación que estaba siendo premiada con un espectáculo del circo del sol, sólo para mis ojos, pues la magia derrochada en este espectáculo es comparable con la que se exhibe en el prestigioso Circo.

Sólo lamento que la función del domingo haya sido la última, porque “El Público” es un espectáculo para ver, no una, ni dos veces, sino cada vez que uno quiera sentirse preso de una sensualidad exquisita y avasalladora donde todos los sentidos participan sin haber sido tocados por mano alguna


Imagen de Miguel Pascual

jueves, 23 de mayo de 2013

EN…CINTA


Nunca me ha gustado quedar registrada en video,  por eso el día que me entrevistaron en el Show de Nancy y su productor me preguntó si tenía más material audiovisual, me quedé literalmente paralizada, como si hubiera olvidado que la entrevista era para televisión y que la pregunta era apenas normal.

Ese día comprendí que mi carrera me estaba llevando por un camino donde seguramente sería filmada muchas veces y que tenía que empezar a reconciliarme con esa idea con la que obviamente estoy mal relacionada. Cuando ella me envió el programa por youtube, me sentí desnuda, como lo sentí cuando me entregaron el video de mi monólogo “Llanto a mi misma” y como me siento cada vez que alguien sin mi autorización ha hecho video de mí y después me lo enseña.

Desde entonces estoy trabajando mucho más que en reconciliarme con esa imagen que no quiero ver de mí, en averiguar que es lo que me molesta tanto de esa imagen, que no tiene que ver con el anacrónico movimiento de mi cuerpo, y si más bien con mi rostro. Para esta labor he decidido pedirle a alguien que filme los eventos en los que he participado últimamente, para explorar más las emociones y los sentimientos que me genera el verme a mi misma en video.

Recuerdo la primera vez que me vi en video, mi hija me había dado una fiesta de cumpleaños sorpresa con mariachis y alguien estuvo filmando durante la fiesta, ya que el video formaba parte del regalo que mi hija me estaba haciendo. Fue muy impactante para mí, verme en un contexto completamente diferente al que yo creía que me desenvolvía, vi a una mujer autoritaria, con una expresión dura en su rostro, demasiado seria la mayor parte del tiempo, a pesar de que estábamos en un fiesta y la estaba pasando muy bien, pero sobre todo mi expresión era ante todo intimidadora. Aunque el video solo podía producir lágrimas de alegría, me sorprendí viendo aquel video y rompiendo en un llanto desesperado cuyas lágrimas eran de una composición química sospechosa, el mismo llanto que me acude en este momento en que la escena emerge en mi memoria…



No recuerdo cuantas veces vi ese video y siempre que lo vi lloré, las últimas veces que lo hice, me di cuenta que lloraba porque pensaba en mi pequeña hija, ahora ya adulta, teniendo que convivir con una mujer tan dura como yo lucía en el video, y que si yo hubiera sabido que así es como me veía ella, seguramente habría hecho algo al respecto para modificar esa imagen. Pensé en aquel momento que el espejo es un gran  mentiroso, porque nos devuelve la imagen que nosotros manipulamos, mientras que el video es un testigo cruel que nos persigue en vivo mostrándonos hasta las más crudas imágenes por las que el maquillaje no  puede hacer nada.

Yo jamás me concebí a mi misma como me veía en ese video, con esa expresión tan rígida, pero sobre todo tan intimidadora, con la que mi pobre hija tuvo que crecer. Me consoló la idea de que ella se haya acostumbrado a esa imagen de esa mujer que para mí era un completa extraña que acababa de conocer, que posiblemente ella ya me podía ver como yo me concebía y no como me veía en esa imagen, a lo mejor y la ley de causa y efecto estaba invirtiendo los acontecimientos y estábamos en ese momento en que yo me había convertido para mi hija en la mujer dulce que yo pensaba que proyectaba y ahora me tocaba a mi conocer a aquella mujer dura que la tecnología me había reservado para el futuro, en algún pacto con los dioses.

Alguna vez que quise ver el video de nuevo, pero se había dañado, como si hubiera existido sólo para un propósito especifico, después de eso he venido mirando con detenimiento los nuevos videos que me han hecho y aunque esa imagen de mi rostro no me deja en paz y dista mucho de la imagen que tengo de mi misma y de la que quiero proyectar, cada día empiezo a aceptarla más, a entender las dinámicas de muchas relaciones de mi pasado y sobre todo a comprender porque mucha gente me malinterpreta a veces cuando doy un mensaje, y que seguramente necesitaré más dulzura a la hora de hablar sobre ciertos temas, de la que necesita otra persona.

Una cosa si tengo clara, en el camino de auto conocimiento el video juega un papel muy importante, por lo que recomendaría a las personas pedirle a alguien les que haga video a escondidas, para que se pillen esas cosas que los enemigos nos gritan con rabia, que nosotros desaparecemos de nuestro panorama social para evitar esa confrontación con nuestras sombras; y que nuestros amigos se callan para poder permanecer a nuestro lado, porque han aprendido a vernos mas allá de la fachada y a explorar en las fauces de nuestra alma y de nuestro corazón.




miércoles, 22 de mayo de 2013

LAS GOLDEN GIRLS


Mi Amiga Ada, tiene más de sesenta años, su rostro está resaltado por un par de hermosos ojos claros y unos labios carnosos que debieron despertar muchas pasiones en los hombres, y que aún ahora hacen suspirar a más de uno, en su metro y medio de estatura esta mujer contiene un volcán de sensualidad que hace explotar cuando se apodera de algún escenario, cosa que sucede cada vez con más frecuencia. Ha parado literalmente el tráfico en la popular calle ocho de Miami a la media noche, cuando después de un espectáculo un día fuimos a cenar al restaurante Versalles y un par de hombres que andaban en una camioneta no se resistieron a sus encantos enfundados en un traje con el cual ella caracterizaba a una diosa africana; y le pidieron declamar allí mismo una poesía. De nada sirvieron los insultos que le propinaba la conductora del auto que venía detrás porque Ada no movió ni un  centímetro de su cuerpo que no fuera para hacer trazos sensuales con sus manos, y el chofer del auto pareció no escuchar las súplicas de la conductora desesperada por pasar y que ya estaba perdiendo la paciencia.

No importa donde Ada entre, sólo tiene que encontrar un público amante de la poesía presto a escucharla para que ella improvise el mejor recital de poesía muy a su estilo particular, siempre digo que ella se vuelve poema en el escenario, su pasión por la poesía es contagiosa, como lo es también esa vitalidad sensual de la que es poseedora y que ya se quisieran para si, otras mujeres mas jóvenes que ella.

Mi amiga Ada


Y es que últimamente me he visto rodeada de una nueva generación de mujeres sexys que no hacen mas que derrochar sensualidad a su singular manera, porque a diferencia de las jóvenes que se uniforman física y hasta mentalmente para lucir sensuales, esta generación de mujeres que pasan de los sesenta años y que yo llamo cariñosamente sexygenarias no sienten el impulso por vestirse igual a ninguna otra de su edad, o por adoptar ideas o filosofías de vida de otra más exitosa y bella que ellas. Han descubierto el valor de la autenticidad, han encontrado su identidad y su estilo personal tanto de vestir como de conducirse socialmente y lucen tan cómodas en su propia piel, que no sólo dan envidia, sino deseos de llegar a esa edad, porque me despiertan la ligera sospecha que un secreto les ha sido revelado al que las demás mujeres solo tendremos acceso cuando pisemos el umbral de los sesenta.

Mi amiga Ana que también es de esta generación de sexygenarias, eligió las artes marciales para canalizar su vitalidad sexual, se hizo cinturón negro a los cincuenta y cinco años y ahora es asistente de un profesor de artes marciales, disfruta intensamente de la ropa sexy para dormir o mejor dicho para mantener despierto al afortunado que está a su lado; y de los zapatos de tacón bastante alto. Ana es una poetiza con propuestas literarias nuevas e innovadoras, me atrevería a decir que es vanguardista en su particular género, con una capacidad de síntesis asombrosa para expresar una idea, lo que la hace más especial sobre todo por la complejidad de sus ideas,  dejando a su público sumido en profundas reflexiones después de escucharle declamar uno de sus poemas. En cada encuentro con Ana  uno queda contagiado de la alegría con que ella ve la vida y sobre todo de la mentalidad tan abierta con que ha recibido en su vida algunos hombres que la han esculpido desde el reino de la sensualidad. No es una sexygenaria vergonzante, ya que asegura que se siente orgullosa y feliz de estar viviendo su segunda juventud, ha retado los viejos paradigmas que dictan que una mujer de más de sesenta está vieja y decrepita, ya que si hoy vivimos treinta años más que nuestros padres, entonces los sesenta años de ahora son los nuevos cuarenta y cinco.

Mi amiga Ana


En Santo Domingo, conocí un grupo de mujeres todas en el rango de los sesenta, absolutamente bellas, vitales y auténticas, cada una con un estilo muy particular y con una manera de ser muy personal, aunque no tienen conciencia grupal y cada una conserva sus propias creencias, me maravilló el respeto que se profieren por sus diferencias este grupo de amigas que se hacen llamar las Golden girls, aunque sus conversaciones versan sobre sus nietos muchas veces, la verdad es que son mujeres aptas para hablar de cualquier tema porque como si fuera poco, gozan de un nivel cultural envidiable. Hace rato no disfrutaba tanto de una noche con un grupo de mujeres desinhibidas que no se escandalizan por nada y que se permiten temas de esos que las mujeres que se dicen “decentes” aseguran que no debemos tratar, pese a que no me cabe la menor duda que las Golden girls son tan o más decentes que las que se auto proclaman como tal.

Celebro que estas mujeres sexygenarias hayan retado la dictadura de la forma y que  hayan recibido el paso del tiempo por sus cuerpos como un cincel que las pule y las hace más hermosas, no como aquel verdugo que les está robando algo que les impide seguir disfrutando la vida, estas mujeres que se aman y se aceptan como son y que además lo saben transmitir con la aceptación que gozan de las demás mujeres, me maravillan y me resultan tan inspiradoras porque el mundo desde el lente dorado de una chica de mas de sesenta años, promete ser un mundo con mucho que ofrecernos todavía.

Las Golden Girls